Con más de tres décadas dedicadas al estudio de las abejas, la miel y el análisis sensorial, la reconocida especialista argentina llegará a ENAPI 2026. Su misión: liderar una serie de catas exclusivas y revelar el perfil de cinco mieles chilenas seleccionadas especialmente para este encuentro.
Doctora en Ciencias Biológicas y profesora asociada de la Cátedra de Avicultura, Cunicultura y Apicultura en la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires (FAUBA), Basilio se desempeña actualmente como consultora independiente y es un referente internacional en calidad apícola y melisopalinología (el estudio del polen en la miel).
En esta víspera del evento, invita a despojarse de los prejuicios comerciales y a mirar este alimento con otros ojos: no como un producto genérico y predecible, sino como la expresión líquida de un territorio, sus flores y el minucioso trabajo de sus colmenas.
“Cuando uno llega al mundo de las abejas, no hay vuelta atrás”
La historia de Alicia con la apicultura comenzó casi por azar, poco después de graduarse en Biología. Lo que empezó como una oportunidad laboral se transformó en una fascinación que ya suma 37 años de trayectoria.
“Tuve la suerte de dar mis primeros pasos en la Estación Experimental Delta del Paraná del INTA, junto a la doctora Laura Gurini. Compartíamos una curiosidad casi magnética por las flores y las abejas. Una pregunta nos llevó a otra, y terminé dedicando mi doctorado a la miel, que es el resultado más puro de la íntima relación entre la colmena y el paisaje botánico de una región”, recuerda.
Desde entonces, el asombro no ha cesado. “Hoy, la tecnología nos permite visibilizar procesos que antes eran un misterio. Es fascinante encontrar explicaciones científicas para prácticas que los apicultores realizan de manera intuitiva desde hace siglos. Es un universo que te exige estudiar y aprender constantemente”, explica.
El magnetismo de las mieles chilenas
Previo a su llegada al país, Basilio analizó en detalle las cinco mieles nacionales que protagonizarán el encuentro. Aunque prefiere no hacer revelaciones antes de ENAPI, confiesa que el proceso fue un viaje revelador.
“Las mieles chilenas poseen un valor excepcional: muchas nacen de una flora nativa y endémica. Eso se traduce en identidades y perfiles que, literalmente, no existen en ninguna otra parte del planeta”, adelanta.
La experta subraya que la riqueza de estas mieles no solo radica en sus reconocidas propiedades biológicas, sino en la complejidad de su paleta sensorial. “La miel es un producto extraordinario porque llega al frasco prácticamente intacta, sin procesar. Es una fotografía directa del entorno y del trabajo de la abeja. Por eso, cada frasco custodia un paisaje, una geografía y una historia única”, dice.
Mucho más que un sabor dulce
Para la investigadora y docente de la UBA, el verdadero tesoro de la miel se esconde en su diversidad. “Encerrar la miel en el concepto de 'lo dulce' es un error. Hay mieles sutiles y etéreas, otras robustas e intensas; las hay con notas florales, frutales, ácidas e incluso elegantemente amargas. Cada una propone una experiencia distinta”.
Esta riqueza la ha llevado a construir un pasatiempo particular. “Yo colecciono experiencias sensoriales. Hay quienes coleccionan postales de sus viajes; yo prefiero coleccionar los paisajes, aromas y memorias que descubro en cada cucharada de miel”.
El arte de la cata: Descubriendo un universo invisible
Si bien el concepto de "cata" suele evocar inmediatamente al vino, Basilio asegura que el mapa sensorial de la miel es igual de vasto y complejo.
“Así como el consumidor ya aprendió que el vino no es un producto plano, sino que varía según la cepa y el terroir, con la miel debemos hacer el mismo ejercicio. El potencial de descubrimiento es enorme”, menciona.
En una sesión de cata, los asistentes aprenden a descifrar el color, la viscosidad, el bouquet aromático y las notas gustativas que suelen pasar desapercibidas en la rutina diaria. “La mayoría abre el frasco y lo consume directamente, sin olerlo. Al saltarse ese paso, se están perdiendo la mitad de la historia”, añade.
El factor sorpresa: Emoción y contrastes
Según la especialista, los talleres de análisis sensorial suelen transformarse en un espacio de revelaciones y nostalgia. “Es muy común que la gente se emocione en la mesa de cata porque ciertos aromas disparan recuerdos directos de la infancia. Por otro lado, suele impactar la presencia de matices ácidos o amargos en mieles de altísima calidad. Lejos de ser defectos, esas notas son el sello de identidad de ciertos paisajes. Cuando el consumidor entiende esto, su perspectiva cambia para siempre”.
Identidad territorial como motor de conservación
Aprender a catar no es solo un ejercicio sensorial; para Basilio, es una herramienta clave de valorización que beneficia a toda la cadena apícola. “Cuando el consumidor aprende a diferenciar, la miel deja de ser un producto genérico en la góndola del supermercado y adquiere nombre, apellido, origen y estación del año”, indica.
Este valor ganado se traduce también en un escudo ambiental. “Si el mercado valora una miel específica por la flora nativa de donde proviene, se genera un incentivo real y económico para proteger ese ecosistema. Al final del día, cuidar el bosque y las flores es la única forma de garantizar el futuro de la apicultura”.
ENAPI 2026
La Dra. Basilio invita a los asistentes a despojarse de los prejuicios comerciales y a recuperar la capacidad de asombro. “Vengan con curiosidad. Cada gota de miel condensa el esfuerzo de miles de abejas, el agua, el sol, la riqueza de la tierra y el trabajo del apicultor. En ENAPI utilizaremos una metodología de cata muy cercana y didáctica, diseñada para que los asistentes puedan replicarla en casa. Será la excusa perfecta para encontrarnos, redescubrir el patrimonio apícola chileno y escuchar todo lo que la naturaleza tiene para contarnos”, adelanta.
